jueves, 28 de mayo de 2009

Amigo de Dios y amigo del diablo: el travestismo del ex ministro de Allende que se suma al equipo de Piñera


En los últimos días, el senador Fernando Flores ha protagonizado una de las noticias políticas de la semana.
En la sede del comando del candidato de la derecha y empresario dueño de Lan Chile y Chilevision, Sebastián Piñera, el senador ex PPD proclamó con un discurso su incorporación oficial a la candidatura del abanderado de la derecha, dejando una vez más a la luz que en la política su actuar es capaz de todo.

Recordemos un poco la historia de Flores. Fue ministro del Presidente Allende, vivió en carne propia los abusos y excesos de la dictadura militar como prisionero político en la Isla Dawson, fue uno de los fundadores del Partido por la Democracia y luchó por la consolidación de la Concertación, coalición de la que se desvinculó hace ya algún tiempo.

Hoy vemos la inconsecuencia, señal que afecta seriamente la calidad de los políticos. No se puede ser amigo de Dios y del diablo. Las personas que están en política deben actuar disciplinadamente en la coalición que representan, sus desempeños deben ser en pro de las personas, pero representando un proyecto político claro, cosa que el senador Flores no ha entendido en su larga trayectoria política. He de esperar qué posición tendrá en un futuro, cuando la coalición por el cambio, a la que dio el vamos Piñera, siga siendo oposición.

Felipe Cubillos L.
UAHC

miércoles, 20 de mayo de 2009

Chile y las Privatizaciones

Chile es el ejemplo de Latinoamérica de la privatización de empresas públicas hacia el sector privado, y no se trata de críticas ácidas al neoliberalismo por parte del progresismo, sino más bien se trata de un fenómeno internacionalmente reconocido al que lamentablemente no se le da la atención necesaria, en el paper El mito de las privatizaciones en Chile del académico Jorge Vergara Estévez publicado en 2003 en la Universidad Técnica de Berlín hay una cita de un autor peruano (Raúl Wiener) que señala que el caso chileno ha sido el ejemplo utilizado por el Fondo Monetario Internacional para condicionar préstamos internacionales a países de la región, imponiendo condiciones que ningún país desarrollado aceptaría.

Durante el régimen militar se despojaron del país una serie de empresas públicas hacia el sector privado con el razonamiento de que el Estado no tiene los criterios de eficiencia para administrarlas, fue así como gran parte de nuestro cobre, transporte público urbano, agricultura, salud, educación y otras pasaron a manos privadas a precios desconocidos en detalle y que todos los expertos coinciden en que fueron obtenidas a precios muy por debajo del valor comercial de las mismas. Lamentablemente las privatizaciones de empresas públicas han llegado a tal punto que incluso se han realizado en los gobiernos democráticos, derivadas de las presiones que ejerce la derecha neoliberal chilena amparadas en su representación política bajo el sistema binominal, que les permite ejercer fuertes presiones sobre el sector público con el fin de imponer un Estado cada vez menor a favor de la denominada “economía social de mercado”.

En los últimos años se ha acrecentado el interés privatizador por parte de la derecha chilena en el amparo de los malos resultados que algunas empresas públicas, -como la Empresa de Ferrocarriles del Estado, la Empresa Nacional de Petróleo y Codelco- que se han dado en los últimos años. Sin embargo en este punto hay que tener cuidado y preguntarse ¿es la privatización la única solución posible?, o más bien, ¿no será la privatización una excelente oportunidad para un grupo de empresas transnacionales y privilegiados que a toda costa buscan aprovecharse de la mala situación de las mismas para comprarlas y así generar recursos con ellas o eliminar a su propia competencia?. Quienes defienden en Chile al mercado como eje principal y subsidiario de nuestros problemas sociales muchas veces terminan por defender a un grupo de privilegiados en virtud de sus intereses y no los de la sociedad, y en este punto nace la más importante pregunta, ¿queremos ser gobernados por quienes defienden intereses corporativos antepuestos a los intereses del conjunto de la sociedad?.

Si bien no cabe duda que hay que mejorar radicalmente la gestión del Estado y, en especial, la administración de empresas públicas, no hay que engañarse por quienes quieren apoderarse del fin público para obtener un beneficio privado; la actual crisis internacional ha demostrado que el mercado tiene límite, que es necesario un Estado poderoso y no minimizado; en Chile ya se han hecho experimentos que han dejado desastrosas consecuencias en la salud, la educación, las pensiones, la agricultura, el transporte y numerosas áreas; generalmente con la influencia de maquinarias internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la derecha liberal. Aunque muchos se sientan cómodos con la frase “da lo mismo por quién votar si todos son lo mismo” hay que ser categóricos y decir: no da lo mismo por quién votar.

José Tomás Bretón Jara
UAH

sábado, 2 de mayo de 2009

Una gracia más del binominal

Mucho se ha hablado sobre el gran descontento y la falta de interés juvenil en participar del sistema político en general. Las causas son múltiples, acostumbramiento a la estabilidad y a la plena vigencia del Estado de Derecho, o la percepción de que un voto no es capaz de modificar la realidad de la cual ¿somos partícipes?

A la hora de buscar los factores de lo último, aparece el tan manoseado sistema electoral binominal, el cual, para ser comprendido de manera correcta, debe ser estudiado en el contexto que fue originado: un régimen que con cierto temor a la expresión democrática, buscó generar una serie de amarres que preservasen la “democracia tutelada y protegida”, tal cual como se señaló en su momento.

¿Cuál fue la idea? Establecer una democracia consensual, en la que la minoría tenga un considerable poder de veto frente a la mayoría, frenando la aprobación de algunos proyectos presentados por los últimos, tal cual como se ha visto en los últimos 19 años.

Por un principio básico del binominal, se eligen dos representantes por cada circunscripción y distrito, los que por lo general son captados de uno para cada conglomerado (los doblajes son una excepción). Queda así preguntarse ¿Qué incentivo existe para los ciudadanos para el votar en las elecciones parlamentarias? ¡Ninguno! ya que los miembros del Congreso son prácticamente definidos por las directivas de los partidos y en las negociaciones internas de los pactos. Ejemplo de lo anterior es el caso de la 16º circunscripción senatorial, donde la derecha presentó como candidato único a Andrés Allamand, que obviamente fue elegido.

Entonces, ¿cuál es la función de la ciudadanía? Simplemente ratificar lo que plantean los partidos ¿Cuál es el incentivo para sufragar? Prácticamente no existe.

Los casos más impactantes son los de la 7º circunscripción senatorial (Santiago Poniente), donde en dos cupos, siempre ha salido elegido el primero y el tercero en votos populares. Pregunten cuál es el empoderamiento ciudadano que recibió Jaime Guzmán al ser elegido con el 17% de los votos (contra el 31% y 30% que recibieron los candidatos de la Concertación), o el actual presidente del Senado, Jovino Novoa, que en una carrera en la que ganan dos, llegó tercero y se quedó con “la copa”. ¿Cuál es la legitimidad que recibieron? Sólo la de una ley electoral que malinterpreta la voluntad popular.

Por ello, a pesar de la distancia y diferencia ideológica que exista con el Partido Comunista, es necesaria su inclusión en la Cámara de Diputados, y de este modo, romper con la exclusión de este importante grupo. La negociación que está llevando a cabo la Concertación con ellos no es más que la expresión del deseo de democratizar verdaderamente nuestro país, y para ello, se debe dejar de lado pretensiones desmedidas, y comprender que este es el primer esfuerzo para conquistar los escaños necesarios para reformar la ley electoral, y de este modo, decir adiós a la última “ley de amarre”.

Más adelante se deberá responder a la incógnita frente a cuál será el sistema óptimo que se implemente, estando dentro de las alternativas un proporcional corregido, como también un uninominal que garantice tanto estabilidad (valor que se destaca al binominal), como también competitividad y representación no distorsionada del parecer ciudadano, respetándose la regla lógica, de que el que logre la mayoría, sea el triunfador.

Por ahora, no nos queda más que esperar a diciembre, y a la hora de marcar el voto, saber que estaremos decidiendo entre dar un paso más en la búsqueda de un sistema más representativo y más democrático, y de este modo generar una sociedad más inclusiva y diversa, pero a la vez respetuosa de sus miembros.


Cristobal Sandoval.
PUC