Chile es el ejemplo de Latinoamérica de la privatización de empresas públicas hacia el sector privado, y no se trata de críticas ácidas al neoliberalismo por parte del progresismo, sino más bien se trata de un fenómeno internacionalmente reconocido al que lamentablemente no se le da la atención necesaria, en el paper El mito de las privatizaciones en Chile del académico Jorge Vergara Estévez publicado en 2003 en la Universidad Técnica de Berlín hay una cita de un autor peruano (Raúl Wiener) que señala que el caso chileno ha sido el ejemplo utilizado por el Fondo Monetario Internacional para condicionar préstamos internacionales a países de la región, imponiendo condiciones que ningún país desarrollado aceptaría.
Durante el régimen militar se despojaron del país una serie de empresas públicas hacia el sector privado con el razonamiento de que el Estado no tiene los criterios de eficiencia para administrarlas, fue así como gran parte de nuestro cobre, transporte público urbano, agricultura, salud, educación y otras pasaron a manos privadas a precios desconocidos en detalle y que todos los expertos coinciden en que fueron obtenidas a precios muy por debajo del valor comercial de las mismas. Lamentablemente las privatizaciones de empresas públicas han llegado a tal punto que incluso se han realizado en los gobiernos democráticos, derivadas de las presiones que ejerce la derecha neoliberal chilena amparadas en su representación política bajo el sistema binominal, que les permite ejercer fuertes presiones sobre el sector público con el fin de imponer un Estado cada vez menor a favor de la denominada “economía social de mercado”.
En los últimos años se ha acrecentado el interés privatizador por parte de la derecha chilena en el amparo de los malos resultados que algunas empresas públicas, -como la Empresa de Ferrocarriles del Estado, la Empresa Nacional de Petróleo y Codelco- que se han dado en los últimos años. Sin embargo en este punto hay que tener cuidado y preguntarse ¿es la privatización la única solución posible?, o más bien, ¿no será la privatización una excelente oportunidad para un grupo de empresas transnacionales y privilegiados que a toda costa buscan aprovecharse de la mala situación de las mismas para comprarlas y así generar recursos con ellas o eliminar a su propia competencia?. Quienes defienden en Chile al mercado como eje principal y subsidiario de nuestros problemas sociales muchas veces terminan por defender a un grupo de privilegiados en virtud de sus intereses y no los de la sociedad, y en este punto nace la más importante pregunta, ¿queremos ser gobernados por quienes defienden intereses corporativos antepuestos a los intereses del conjunto de la sociedad?.
Si bien no cabe duda que hay que mejorar radicalmente la gestión del Estado y, en especial, la administración de empresas públicas, no hay que engañarse por quienes quieren apoderarse del fin público para obtener un beneficio privado; la actual crisis internacional ha demostrado que el mercado tiene límite, que es necesario un Estado poderoso y no minimizado; en Chile ya se han hecho experimentos que han dejado desastrosas consecuencias en la salud, la educación, las pensiones, la agricultura, el transporte y numerosas áreas; generalmente con la influencia de maquinarias internacionales como el Fondo Monetario Internacional y la derecha liberal. Aunque muchos se sientan cómodos con la frase “da lo mismo por quién votar si todos son lo mismo” hay que ser categóricos y decir: no da lo mismo por quién votar.
José Tomás Bretón Jara
UAH
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